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¿Qué se siente al enfrentarse a una traducción?

El otro día me preguntaron qué siento al hacer una traducción. Pensé dos segundos… y contesté “Mmm, no sé. Nada, creo…”. Pero luego me quedé dándole vueltas y me di cuenta de que ¡sí que siento cosas! Y que depende de la situación en la que se haga la traducción los sentimientos varían.

Me acuerdo perfectamente de la primera traducción que hice. Fue la prueba que tuve que superar para ser admitida en la carrera que quería estudiar, Traducción e Interpretación. Recuerdo sentir nervios… al fin y al cabo era un examen…y alivio al finalizar y pensar que me había salido bastante bien. Tengo guardada una copia de la versión en sucio, que he releído alguna vez; no me quedó mal J Después, durante los cinco años de la carrera hice muuuchas traducciones. En ese caso eran trabajos en clase o deberes para casa. Se sentían en parte como una obligación. Pero traducíamos textos de todo tipo, y muchos eran divertidos. Tradujimos textos jurídicos, folletos publicitarios, cómics…En una ocasión traduciendo un texto médico sobre el melanoma recuerdo cómo mis compañeros y yo lo que comenzamos a sentir fue obsesión. De alguna forma temíamos que nuestros insignificantes lunares cumpliesen las características de los descritos en nuestro texto…Falsa alarma… ¡Todo eso se pasó en cuanto nos encargaron la siguiente traducción!

Todos estos trabajos suponían a veces tardes enteras traduciendo. Y como mi amiga Nuria solía decir “¡tenemos la fiebre del traductor; por pasar horas debajo del flexo y delante del ordenador!”. Nos lo pasábamos muy bien la verdad. Nos gustaba mucho la carrera que habíamos elegido.

Otro tipo de traducciones son las que he tenido que hacer por trabajo. En este caso lo que se siente son unos nervios iniciales y un cosquilleo desde que aceptas el encargo hasta que recibes el texto y compruebas que una vez más serás capaz de hacerlo. Además, hasta que das por definitiva una traducción nunca desconectas del todo…A veces al leer el texto por primera vez te asustas con alguna terminología…pero luego descubres que era muy fácil. Y otras veces parece muy sencillo…¡y uno se atasca con la expresión más inocente! Pero luego, cuando menos te lo esperas…¡zas! te viene a la mente la frase perfecta y tienes que apuntarla rápidamente donde puedas por miedo a que se te olvide.

Puedes recibir encargos de cualquier tipo y cada vez te conviertes en un pequeño experto en la materia que tengas entre manos. Yo he sido experta temporalmente en energías renovables, piragüismo, contratos de trabajo, máquinas fresadoras… Además muchas veces hay prisas. Como decían mis profesores “el cliente siempre quiere la traducción para ayer”. Y claro, también se siente estrés. Pero cuando por fin envías el texto en el plazo acordado lo que se siente es una gran satisfacción por el trabajo bien hecho. 🙂

Traducir siempre me ha parecido un juego. “A ver si encuentro este término…”, “a ver si se me ocurre una expresión mejor para traducir esta idea…”. ¡Es muy divertido!

Así que en cuanto saque tiempo traduciré la Web. ¡Vaya traductora sería si no la tengo también en inglés! J Y entonces, tendré una nueva experiencia…¡traducirme a mí misma! Ya os contaré qué se siente entonces…

Y vosotros, ¿qué sentís al traducir?

This Post Has 3 Comments

    • Lidia says:

      Hola,Lara!
      me alegro de que te haya gustado! si alguna vez necesitas algo ya sabes donde encontrarme. Espero que te esté gustando la carrera 🙂

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